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Cómo (y cómo no) iniciar a los niños a los deportes de aventura

15 de marzo de 2021

El auge de los deportes de aventura de los últimos años nos lleva a que muchos de estos aficionados llegue el día en que sean padres (y madres) y se planteen llevar con ellos a sus hijos/as. Pero, ¿cómo? ¿a partir de qué edad? Os voy a dar unas indicaciones, pero primero os voy a contar lo que viví ayer y que me ha hecho despertarme hoy con este artículo en la cabeza, con la intención de ayudar a quienes tengan dudas y, ojalá, evitar otras desagradables experiencias.

Ayer tenía como actividad guiada la ferrata de Tous y descenso por el barranco de Castellet. Para quien no los conozca, es una actividad preciosa y de las más fáciles (físicamente), por lo que suele servir para iniciarse a muchos montañeros valencianos. No es casualidad que en este tipo de actividades de más bajo nivel físico, es donde encuentro más “salvajadas”, por ese mismo motivo. Justo antes de empezar la ferrata, veo que detrás de nosotros venía una familia con un niño de unos 5-6 años (menos de 30 kg) ataviado con su nuevo y reluciente disipador. Discretamente me aproximé a su padre y le comenté que si desconocía que los disipadores no actúan en personas de tan poco peso, y le sugerí que utilizara aseguramiento con cuerda, a lo que educadamente accedió y agradeció el consejo. La integridad de un niño no debería depender de que en el último momento alguien te advierta y asesore.

Pero lo peor vino más tarde, cuando desde el tercer rápel del barranco escucho lo que parecía un ¿bebé? llorando desconsoladamente. Durante más de 15 minutos tuvimos que soportar unos desgarradores llantos de un niño de unos 4 años que no se atrevía a bajar y los gritos de unos padres (otra familia) que, seguramente frustrados por la situación, presionaban al niño. No sé cómo acabó la situación, pero la palabra que me viene a la cabeza es trauma.

No es una situación aislada. Casi todos los fines de semana me encuentro en situaciones parecidas, en las que me tengo, en la mayoría de ocasiones, que morder la lengua, ya que para colmo, muchas veces no me responden con tanta educación como ayer.

  • El primer error que debemos evitar es proyectarnos en nuestros hijos/as. Que a nosotros nos encante la montaña, con nuestro bagaje de vivencias previo, no significa que debas metérsela por el gaznate a tu prole. Llévale al monte, deja que juegue con piedras y piñas, y que sea él quien, una vez haya satisfecho sus sentidos con todos esos nuevos estímulos, te pida que también quiere subir (o bajar).
  • El segundo error es no contratar los servicios de un guía profesional. Igual que yo me automedico si tengo catarro pero llevaría al médico a mi hijo/a (si lo tuviera) si se encuentra mal, el hecho de que yo, con mi fuerza y conocimientos, pueda realizar con solvencia una actividad, no significa que pueda resolver cualquier situación que se presente. Para eso están los profesionales. Y no llaméis a un guía para decirle: “quiero hacer la ferrata de Tous con mi hijo de 4 años”, la frase debe ser “quiero iniciar a la montaña a mi hijo de 4 años, ¿cómo recomiendas que haga dicho proceso y cómo puedes ayudarme?”
  • El tercer error es pensar que reducir el nivel físico de una actividad es suficiente para aventurarnos autónomamente a realizar una actividad. Creo que cada vez más se está extendiendo la mentalidad “urbanita” de “si tengo un problema, alguien me lo resolverá”. Los servicios de rescate no están ahí para resolver una mala planificación o una sobrevaloración de nuestras capacidades. La idea debería ser “si no voy a ser capaz de resolver cualquier situación que se presente (salvo catástrofe, que siempre puede ocurrir), no estoy preparado para esta actividad.”

Conclusiones:

  • Los 70€ que te has gastado en un reluciente disipador inútil, gástalos en formación o bien en acompañamiento de un guía. Por muy sobrado que vayas tú a la actividad, no es ninguna vergüenza reconocer que hay gente más preparada, y que se han formado para este tipo de cosas, como tú en tu profesión.
  • Recuerda que tu ilusión por que tu hijo/a te acompañe a la montaña está sujeta a los gustos y preferencias del propio niño/a. Todo infante necesita acumular un bagaje y unas experiencias que cuando tú empezaste, con 20 o 30 años, ya tenías.
  • No salgas a la montaña en compañía de gente igual o menos experta, a no ser que te hayas formado de manera extensa y con tutores/as solventes. Una dificultad física baja no implica necesariamente un menor riesgo y compromiso, sino que muchas veces es al revés.